Escondida en el viejo baúl de la abuela
habita una muñeca de trapo sin fin,
su corazón, una rosa bordada,
no sabe del tiempo que pasa,
espera al soldadito de plomo vecino
pensando que sus trenzas de estambre
sirvan de columpio a su valiente galán,
¿Será él, acaso, el que rescate
a esa hermosa doncella de chapitas rosadas?
Ella paciente oye el latir del reloj
piensa que en su pecho se guarda
ese tic tac para su encendido amor.
Con sus ojos de lentejuela
espía en la rendija del arcón,
atisba una vez y otra
con la esperanza de verlo.
¿Por qué no viene?
es la pregunta sin respuesta
que cada día se hace.
Pobre muñequita de trapo
no sabe, su espera, será milenaria
quizá hasta que la intrusa polilla
carcoma su corazón
contagiada de la madera
conformadora de su morada,
ese mal la destrozará,
pero no más que su inútil espera.
Lo conoció un día de luz,
quedó prendada de su galanura,
lo vio firme cuidando una caja de cartón
de ese chicuelo que gritaba todo el día
molestando a su niña, que la adormecía.
Pero pasó el tiempo
crecieron los pequeños de la casa
y ellos quedaron presos
cada quien en su habitación
¡quien sabe cuanto tiempo!
¿Qué pasaría con el soldadito de reluciente fusil?
ya jamás se le ha visto,
la muñeca de trapo
suspira y suspira
no sabe qué le pasó.
Encerrada en ese baúl,
no se dio cuenta
cuando en una furia de limpia de armario
el soldadito luchó por sobrevivir,
inútil batalla,
lo desquebrajaron,
al olvido fue a dar.
Ella, espera y espera
espía y espía
suspira y suspira
un amor que nunca vendrá.
Pobrecita muñeca de trapo
en vano se ha estropeado
su cuerpo endeble
por el esfuerzo que hace
de tanto espiar por esa rendija,
sólo estragos le causa.
Con los meses y los años,
hará su balance algún día,
él no vendrá,
y con la polilla
hará un trato funesto,
¿la aniquilará?
de manera incierta
porque, entonces, en el paraíso
de los juguetes olvidados,
se encontrará con su amado
y por siempre, felices serán.
Nelly gallardo Borges
6 de enero del 2008